Nunca habré visto suficiente nunca abre suficiente la puerta del mundo en este planeta la regla es superar agrestes montañas cuajadas de cuerpos ajados por la miseria con nombre de hambre cuerpos mutilados que ya son flores de campo cuyos olores son perfumes que saben a lavanda a la muerte Las niñas más pobres del mundo bajo la mirada suspendida de los hombres...
La memoria necesita ser reprendida porque los ojos no se subliman, se derriten en interminables lagos mares que están tan cerca y no calientan el aire, la arena, el sol, el mar es otro planeta asequible y yo un astronauta sin casco ni nave que vaga, sin cordón, que vaga El sentido nunca estuvo aquí su ausencia no es hueco débil ni sombra...
Tengo un montón de lágrimas atoradas en los ojos se niegan a salir, pero, ¿y mi pecho? ¿alguien ha pensado en mi pecho? Se contrae, siente un interminable hormigueo se expande y contrae para que el aire ese aire seco y frío que circunda entre, riegue campos sanguíneos y neuronales para que continúe como siempre aquí Aquí no es ahí ni acá Aquí...
El mundo está en llamas hoy, pero ¿cuándo no ha sido así? ¿cuándo una generación no ha sido tildada de “perdida”? Las groseras muecas de la vida: un hombre se ahoga en el mar y ahí ocurre la muerte de su esposa sobreviviente que vagará siempre errante en un sólido hogar Las caricias que se marchitan y sólo raspan y sólo dan lástima...