Mis vecinos pálidos, ojerosos, me traen el dulce olor de la peste. Exangüe rostro solvente del mundo y mi excreción mezclada con el día. Busco la peste igual como ella a mí. No hay alternativa mórbida vida La mecánica de los manicomios, gasolineras incendiadas y un buen saludo ante el amanecer. Eyección dolorosa reiterada, maldita verdad, ámpula perenne de un viaje largo sin Ítaca. Ellos, como yo, empezamos a morir Y en un día...
mira mi rostro: anuncia noche invertida y cobriza. En mí viven el demonio y el ángel; el santo es piedra todavía muerta y mi rostro es todavía oscuro, mezcla hierático luces de placer, con jugo de verbos voces pasivas de las calles y ahora callo atónito una llama llamada tu voz tésala: fuego custodiado por estertores y salta el alto asombro sobre mí, cúspide de tierra baldía, escéptica, abonada con la ceniza...
Castillos de sal en la arena de un mar lunar. Aquí es el pecho que nunca ha sentido el estallar de vísceras, es un lugar en la luna con atardeceres terrestres y tiene el color sospechoso del que huye y no sabe porqué. Es tiempo y lugar que aún no nacen y morirán apenas lo hagan Lágrimas que se niegan a salir. Es...
Las groseras muecas de la vida: un hombre se ahoga en el mar y ahí ocurre la muerte de su esposa Las caricias marchitas hoy anidan en un rostro sin piel, que mira atónito. Da lástima el recuerdo al amar días frente a la mar ardían frente llena de planes yo reventaba en calor el color de sonrisa suficiente es la sombra de la muerte Engañadas sonrisas en labios de...